Los anfibios son un grupo de vertebrados caracterizados por poseer una fase de vida acuática (periodo larval) durante la cual respiran a través de branquias, tras la cual en la mayoría de las especies se produce una metamorfosis que da paso a la fase adulta, menos dependiente del medio acuático y en general con predominio de la respiración pulmonar y cutánea. Es gracias a este ciclo de vida repartido entre dos medios, y a su sensibilidad ante contaminantes que son considerados buenos bioindicadores.

Dentro de la Península ibérica, contamos con un total de veintinueve especies de anfibios, de las que diecinueve se englobarían dentro del orden Anura (sapos y ranas) y diez en el orden Caudata (salamandras y tritones). De estas especies, el 62,5% se encuentran amenazadas y enfrentándose a una regresión generalizada en sus poblaciones, que urge a una gestión integral de las mismas.

rana_iberica_biosferacmEjemplar adulto de la especie Rana iberica (rana patilarga)
Triturus marmoratus_biosferacmEjemplar adulto de la especie Triturus marmoratus (tritón jaspeado).

Cuando se necesita realizar un estudio sobre poblaciones de anfibios, ya sea porque una obra va a afectar a las mismas, o de cara a un proyecto de investigación, las jornadas de trabajo de campo son imprescindibles para recabar la información pertinente.

En estas visitas de campo, según la necesidad del proyecto, pueden recogerse distintos tipos de información:

– En algunas ocasiones, lo más importante es detectar las distintas especies presentes en la zona y su abundancia, para así evaluar la necesidad de tomar medidas minimizadoras o compensatorias.

– En otros casos, puede ser interesante realizar el seguimiento de una población a lo largo del tiempo para evaluar los efectos de una obra sobre la misma. Para ello, se realizan muestreos previos que permiten conocer el estado inicial, y se mantiene la monitorización tanto durante la ejecución de las obras, como a posteriori.

bufo_espinosus_biosferacmEjemplar adulto de la especie Bufo spinosus (sapo común)

Para cumplir estos objetivos, en Biosfera aplicamos distintos métodos de muestreo, como son:

a) la realización de transectos y prospección de enclaves reproductivos

b) las escuchas nocturnas

c) los transectos de mortalidad.

El muestreo en transectos y enclaves, además de permitir realizar un seguimiento, permite confirmar algo tan vital para la viabilidad de las poblaciones como es la reproducción. Aquellos casos en los que son detectadas puestas, larvas, individuos metamórficos o juveniles, podemos asegurar que sigue ocurriendo este suceso.

Las escuchas nocturnas se basan en las vocalizaciones que emiten los machos de anuros en las épocas de reproducción. Estas vocalizaciones son características de cada especie y permiten su identificación taxonómica, a la vez que nos descubren la localización de estos individuos sin necesidad de capturarlos.

Un problema grave que puede generar la pérdida de poblaciones de anfibios, es la mortalidad por atropello. Las carreteras pueden fragmentar los hábitats de este grupo de animales, obligándolos a cruzarlas durante sus rutas migratorias hacia sus enclaves de reproducción. Es por ello, que se torna imprescindible tener en cuenta este aspecto siempre que se vaya a ampliar la red de carreteras, pues es el momento de planificar las medidas minimizadoras que lo eviten.

bufo_espinosus_biosferacmEjemplar atropellado de la especie Bufo spinosus (sapo común)

Dentro de las medidas minimizadoras más frecuentes se encuentra la instalación de pasos de fauna, que deben ser específicos para estas especies y colocarse en la ubicación apropiada.

En Biosfera se realizaron trabajos de inventario de enclaves con presencia de especies de anfibios protegidas como por ejemplo la rana Pelophylax perezi en el Principado de Asturias.